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La salud de Kirchner |
La salud de Kirchner
Se ausentó sin dar explicaciones oficiales y surgieron versiones. Los problemas digestivos que enfrenta. Su historia clínica.
En un poema de Oliver Wendell Holmes, un caballo de 100 años se desploma de golpe porque, hasta ese momento, todas sus partes eran igual de fuertes. Pero el organismo humano es diferente. Para el médico norteamericano Andrew Wail, fundador del Programa de Medicina Integrativa de la Universidad de Arizona y reciente tapa de la revista "Time", los cuerpos tienen uno o más puntos débiles y está bien saber cuáles son, ya que por regla general esos serán los que tiendan a registrar el estrés cuando haya un primer indicio de deterioro inminente de la salud". Néstor Kirchner podría sacar su birome Bic y suscribirlo. Todas las personas tienen su "punto débil" y el suyo es, sin dudas, el aparato digestivo. Pero no lo admite y es poco probable que lo haga en el futuro. El Presidente es un político desconfiado y celoso. Maneja la información con apenas un par de elegidos y ni su propio gabinete suele estar al tanto de sus planes de gobierno. La opacidad a la hora de comunicar se traslada a su salud y, ante la falta de información, las versiones crecen como hongos después de la lluvia. "¿Qué le pasa de verdad al Presidente?", se preguntaban el jueves último en un almuerzo de importantes diplomáticos. La intriga resulta habitual entre empresarios, políticos y ciudadanos. Lo poco que se sabe es que, desde antes de llegar a la gobernación de Santa Cruz, en 1987, Kirchner carga con diagnóstico de "colon irritable", un síndrome crónico benigno donde se alternan malestares leves con brotes de hinchazón, gases, dolor abdominal y diarrea o constipación.
SALUDABLE.En 1985 "lo operaron de hemorroides y es la única cicatriz que tiene", aclara su médico Luis Buonomo. Y la información se estanca aquí. No hay nada más. "Los supuestos problemas de salud de Kirchner no son más que la expresión de deseo de sus enemigos", asegura Fernando Braga Menéndez, el publicista más cercano al Gobierno. "Acá no hay ningún secreto. El Presidente está contentísimo y repleto de salud. Lo que pasa es que hay gente inventando rumores", agrega. La realidad, sin embargo, es que Kirchner ha vivido un par de episodios preocupantes. En la Semana Santa del 2004 sufrió una gastroduodenitis erosiva hemorrágica y tuvo que recibir una transfusión de dos litros y medio de sangre. Su padre murió de cáncer de colon, una enfermedad de fuerte componente hereditario. Cada vez que suspende actividades oficiales por razones de salud -como durante la gira de octubre en España o cuando en noviembre no viajó a Tucumán- se alude a "molestias" digestivas o comidas que le caen mal. Además, el 12 de febrero del 2005, Kirchner se internó en secreto en el Hospital Argerich para hacerse un chequeo que duró cuatro horas. El hermetismo genera rumores y la semana pasada estuvo plagada de ellos. El diario PERFIL publicó que la senadora Cristina Kirchner había aprovechado un viaje a Miami para consultar un centro médico, la Clínica Mayo, pero la noticia fue refutada por el ministro Aníbal Fernández. Kirchner y su mujer, dicen las versiones oficiales, pasaron diez días de descanso entre El Calafate y Río Gallegos. Desde Santa Cruz, Buonomo aclaró: "El Presidente está fantástico y muy tranquilo. Las versiones que señalan lo contrario son un disparate". Incluso agregó que su problema digestivo "está perfectamente controlado". Lo mismo dice un amigo que lo vio en la Casa de Gobierno el miércoles por la tarde: "Néstor está sanísimo", asegura. Sin embargo, ya hubo otras oportunidades en que la información oficial se contradijo con la realidad y, frente al hermetismo del círculo de Kirchner y las olas de rumores que recrudecieron la semana pasada, NOTICIAS consultó a calificados especialistas en enfermedades digestivas para analizar las distintas versiones sobre la salud presidencial y reconstruir su historial clínico. Otros, que quisieron dejar sentado que no atendieron al Presidente ni se refieren a él, explicaron aspectos clínicos de las distintas afecciones, ya sean reales o supuestas. La preocupación es genuina. En su libro "El poder, los hombres y sus enfermedades", Pierre Accoce y Pierre Rentchnick señalan que "el estudio del estado de salud física y mental de los jefes de Estado no es ya una simple manifestación de curiosidad, de interés cívico o filosófico, sino que se convierte en un problema de legítima licencia de todos sus ciudadanos". "La salud de un presidente es cuestión de Estado", coincide el periodista y médico Nelson Castro, autor de "Enfermos de poder". La intervención quirúrgica de Ariel Sharon y la convalecencia del Papa Juan Pablo II fueron dos episodios recientes en que los problemas de salud de un mandatario se comunicaron de manera abierta. Pero Kirchner, a pesar de los rumores, prefiere callar y dejar que las especulaciones avancen. Sin importarle siquiera aclarar quién gobernó al país mientras él estuvo recluido y el vicepresidente, con quien casi no se habla, se hallaba en Punta del Este. Sin anunciar en forma oficial, como si fuera un pecado, que deseaba tomarse diez días de descanso. Si es que eso es lo que hizo.
SENSITIVO.El aparato digestivo, que se extiende desde la boca hasta el ano, se encarga de recibir los alimentos, fraccionarlos en sus nutrientes para que pasen hacia la sangre, y luego eliminar los restos de alimentos no digeridos. Diversas tradiciones médicas le agregan funciones más complejas. Para los adalides de la terapia colónica, por ejemplo, el tubo digestivo está "ligado al plano emocional profundo" y una garganta anudada, un estómago tenso o una diarrea súbita pueden ligarse a la "inhibición de una emoción inconsciente que busca hacerse luz". El aparato digestivo del Presidente tiene sus vaivenes. Los científicos son más cautos, pero aceptan -por lo pronto- que existe un rico circuito de neuronas o "sistema nervioso entérico" que recorre e interconecta las distintas partes del intestino. El "diálogo" entre estas neuronas del tracto digestivo puede ser tan rico como el que entablan las que se ubican en el cerebro, al punto que el sistema nervioso entérico concentra el 97 por ciento de toda la serotonina (un neurotransmisor relacionado con los estados de ánimo) que existe en el organismo, afirma la gastroenteróloga Laura Solé, experta en patología digestiva funcional del centro GEDYT. "El aparato digestivo es el primer receptor de las emociones", agrega Eduardo Segal, jefe de Gastroenterología del Hospital Durand. La digestión presidencial tiene sus vaivenes y se refleja en su ánimo. La enfermedad oficial de Kirchner es colon irritable, que algunos médicos prefieren llamar "intestino irritable". "No me sorprendería que Kirchner tuviese un intestino irritable, es una de las causas más frecuentes de consulta en medicina", afirma Segal, quien también es vicepresidente de la Organización Mundial de Endoscopía. El síndrome afecta al 16 por ciento de la población y se caracteriza por episodios intermitentes o brotes de dolor y distensión abdominal (gases e hinchazón), que se acompañan por diarrea, constipación o la alternancia de ambas. Lo que explicaría, entonces, los malos humores de Kirchner. "Los brotes se gatillan a menudo por situaciones de estrés o enojo, o por comidas copiosas", explica Solé. Es frecuente que afecte a las llamadas personalidades de tipo A: competitivas, exitosas, exigentes, perfeccionistas, hiperactivas y ansiosas. "No sólo tienen irritable el intestino: también lo son desde el punto de vista emocional, lo que se manifiesta en ira", afirma la psicóloga Silvia Bernstein, especialista en psicoterapias breves de esta afección (ver columna). "Los poetas le cantan odas al corazón, pero la parte más sensitiva de nuestro cuerpo son los intestinos", concluye. Bernstein escribió un libro sobre la patología: "Usted puede dejar de sufrir. Soluciones para convivir con un colon irritable", de Editorial Atlántida. "Se vendió mucho. ¿Ustedes se lo pueden hacer llegar a Kirchner?", preguntó al cronista de NOTICIAS. Buscó un ejemplar de su obra y le adjuntó una carta. Por estas horas, ambos esperan a su excelentísimo lector en el escritorio de Presidencia de la Casa Rosada. Kirchner ya ha demostrado ser un hombre ambicioso y dispuesto a sacrificar su salud para alcanzar el éxito. Un síntoma típico de la ansiedad y el estrés es el bruxismo, el hábito de rechinar y presionar los dientes mientras se duerme. El Presidente sufre de esta enfermedad y su odontólogo personal, Luis León, le recetó una placa mio-relajante para proteger su dentadura durante sus tensos sueños. De paso, le arregló los dientes. El tratamiento se realizó el año pasado en el consultorio odontológico de la Quinta de Olivos y resultó efectivo. Kirchner luce ahora una sonrisa de publicidad de dentífrico y duerme protegido.
PRONÓSTICOS.El tratamiento del colon irritable, en cambio, no es tan fácil. Puede avergonzar o ser la enfermedad "más aburrida y plomo del mundo" -como grafica un especialista-, aunque tiene su costado positivo: es crónica pero benigna. O sea, no incrementa el riesgo de cáncer de colon, que es un temor habitual de los pacientes. "Una vez que se descarta una afección orgánica, se recomienda seguir dietas hipofermentativas, controlar el estrés emocional y tomar medicamentos que ayuden a regularizar la función digestiva. Eso sí: no hay una pastillita mágica que lo cure", explica Carlos Guma, jefe de Gastroenterología del Hospital Eva Perón de San Martín y último presidente de la Sociedad Argentina de Gastroenterología. "Hay que acompañar las crisis y darles un manejo racional", agrega Solé. Otra afección digestiva oficial de Kirchner fue el sangrado por gastroduodenitis erosiva que sufrió en la Semana Santa del 2004. Aquel episodio habría surgido de un descuido: Kirchner estaba molesto por un tratamiento de conducto y lo comentó durante una audiencia con José Granero, dentista y entonces funcionario del PAMI. Granero le recetó Ketorolac y el consejo resultó un grave error. Por su condición, Kirchner debería haber tomado también un protector gástrico. Cuando en junio de 2004 el Presidente pasó una semana en cama con gripe, Buonomo reveló que "mantiene una dieta en las comidas porque tiene una sana costumbre". El médico del Presidente sabe que si no tuviera esa "sana costumbre", igual debería seguir una dieta. Pero ni el colon irritable ni los sangrados por gastritis se tratan con bisturí. ¿A qué apuntan los rumores cuando se habla -por ejemplo- de que estaría contemplando una intervención quirúrgica en los Estados Unidos? Entre los médicos y funcionarios circulan todo tipo de versiones. La dinámica de propagación del rumor ha sido muy estudiada. Por lo general, el "secreto" se acepta de forma acrítica, se atesora y se retransmite entre susurros cómplices, generando una cadena que el silencio de Kirchner o el desdén de los Fernández no ayudan a desactivar. Hacerlo seria fácil: el Presidente podría difundir su historia clínica. ¿Por qué no lo hace? Otra posibilidad que no se descarta es que Kirchner tuviera pólipos: un crecimiento de tejido de la pared intestinal, generalmente no canceroso, que se desarrolla dentro del intestino. No es una hipótesis trasnochada. El 20% de la población los tiene y la probabilidad aumenta con los antecedentes familiares. Cuando en febrero del 2005 el Presidente se realizó estudios en el Hospital Argerich, uno de ellos fue una videocolonoscopía, que consiste en la exploración del intestino grueso mediante un tubo flexible con una cámara adosada que se inserta por el ano. El procedimiento sirve para visualizar y extirpar en el acto pólipos, por el riesgo de que evolucionen a tumores malignos. También permite tomar biopsias de áreas sospechosas de cáncer. "Todas las personas mayores de 50 años deberían realizarse una colonoscopía cada 3 ó 5 años. Y si tienen antecedentes familiares directos de cáncer colorrectal, hay que empezar antes, a partir de los 40 años", señala Segal. La mayoría de las veces, los pólipos pueden sacarse por vía endoscópica (en la colonoscopía), pero en ocasiones es necesario operar "a cielo abierto". "Si no se los saca, hay un 66% de posibilidades de que se malignicen", indica Guma. "El cáncer de colon mata a 15-17 argentinos por día, según las estadísticas oficiales. Pero si se lo detecta a tiempo, es el cáncer del aparato digestivo más curable. Y salir a buscarlo es más barato que después tratarlo", enfatiza Segal, quien hace un mes concurrió a la Casa Rosada para pedir apoyo oficial a una campaña de prevención de la enfermedad. Hasta ahora no recibió respuesta. De la misma manera que los ciudadanos no la reciben.
MATÍAS LOEWY Y NICOLÁS CASSESE Revista Noticias 2006 |
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